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Fernando Best Pontones

Pintor mexicano (Ciudad de México, 1889 – Ciudad de México, 1957)

Fernando Best Pontones
Valle de México
50 x 80 cm
Óleo sobre tela
ca.1900

Valle de México (laderas de Zacatenco)
50 x 80 cm
Óleo sobre tela
ca.1900

Fernando Best Pontones fue uno de los paisajistas más constantes y sensibles de la primera mitad del siglo XX en México. Su obra constituye hoy un testimonio invaluable del paisaje urbano y lacustre del Valle de México antes de su transformación definitiva por la modernización y el crecimiento metropolitano.

Formación

Su primer acercamiento a la pintura se dio bajo la guía de Gilberto García. Años más tarde ingresó a la Antigua Academia de San Carlos en calidad de supernumerario, donde fue discípulo del pintor español Antonio Fabrés, cuya enseñanza académica marcó profundamente su formación técnica. Durante esos años instaló su taller en la calle de Santo Domingo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Para sostenerse económicamente, desempeñó diversos oficios vinculados al arte aplicado, entre ellos la decoración de muebles y la pintura de puertas para la tienda departamental El Palacio de Hierro, experiencia que fortaleció su dominio del oficio y su disciplina de trabajo.

El año de 1913 representó un punto de inflexión: con el nombramiento de Alfredo Ramos Martínez como director de la entonces Escuela Nacional de Bellas Artes, se impulsó un cambio pedagógico que fomentaba un arte naturalista, de observación directa, y la búsqueda de “valores nacionales”. Este giro fue decisivo para Best Pontones, quien eligió el paisaje como su especialidad, apartándose del modelo académico heredado del siglo XIX.

Estilo

Se vinculó con el movimiento de las Escuelas al Aire Libre, lo que dio a sus paisajes una cualidad espontánea. Aunque practicó el muralismo por un tiempo, su mayor producción fue obra de caballete, principalmente en óleo y acuarela.

Sus obras muestran la huella del pintor catalán Hermenegildo Anglada Camarasa, cuya estética también influyó en artistas mexicanos como Roberto Montenegro y Alfonso Best Maugard. Si bien su pintura dialoga con la tradición paisajística de José María Velasco, Best Pontones desarrolló una técnica distinta: sustituyó la minuciosidad descriptiva por una pincelada más suelta, gruesa y rápida, interesada en capturar las vibraciones de luz y color del momento.

Su pintura buscaba una “impresión” atmosférica más que un registro topográfico exacto, aproximándose a sensibilidades cercanas al luminismo y a ciertos ecos del modernismo europeo.

Trayectoria

En 1915 presentó su primera exposición individual en el número 42 de la avenida Madero, en el corazón de la capital. Un año después, en 1916, regresó al mismo espacio con una muestra de setenta y tres lienzos, de los cuales cincuenta y siete fueron vendidos, principalmente a compradores extranjeros. Esta exhibición marcó un hito en su trayectoria y fue reseñada en la publicación Revista de Revistas.

En 1920 participó en una exposición colectiva en la Academia de San Carlos. Mientras el arte público y el muralismo comenzaron a ocupar un lugar predominante en la escena cultural posrevolucionaria, la crítica fue relegando el paisajismo de caballete a un segundo plano; pese a ello, Best Pontones continuó trabajando con constancia.

Su producción incluyó paisajes rurales y lacustres, escenas urbanas y episodios históricos. Entre estos últimos destaca un lienzo dedicado a la Decena Trágica de 1913, con la representación del entorno del Senado de la República, actualmente exhibido en el Salón Juárez del Palacio Nacional.

En los años treinta tuvo su taller en una casa del Pedregal de San Ángel, en la Ciudad de México, donde enseñaba pintura a jóvenes y adultos con sistemas y principios academicistas. Continuó produciendo obra hasta los años cincuenta.

Recepción crítica y legado

En la prensa de la década de 1910 fue presentado como una gran promesa del arte mexicano, y en 1919 el crítico Carrillo Gariel describió su obra como un canto a su patria. No obstante, hacia 1920 el pintor y crítico Carlos Mérida cuestionó el carácter “nacionalista” de su obra, señalando que el éxito comercial de Best Pontones respondía más al gusto del público que a una auténtica búsqueda estética nacional.

En 1930, en un nuevo artículo, Mérida valoró en cambio el trabajo de Best Pontones con motivos decorativos inspirados en el arte popular mexicano, vinculándolo a una modalidad pedagógica nacionalista impulsada desde la Secretaría de Educación Pública.

Pese a su notoriedad en su época, Best Pontones ha sido un artista poco estudiado por la historiografía del arte mexicano. El ensayo más completo sobre su vida y obra es el de la investigadora Esther Acevedo, “De Caín y metralla”, publicado en los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, núm. 64 (México, 1993, pp. 83–92).

Obra y colecciones

Obras suyas se conservan en instituciones como el Museo Nacional de Arte (MUNAL) y la Colección Andrés Blaisten en la Ciudad de México, entre ellas:

  • Joven campesina (en la laguna), 1919 – óleo sobre tela
  • Xochimilco, 1918 – óleo sobre tela
  • Vista del valle de México, ca. 1930 – óleo sobre masonite
  • Iztaccíhuatl desde Iztacalco, 1952 – óleo sobre tela
  • Ex convento de San Andrés Calpan, 1953 – óleo sobre cartón

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