1922 Prostějov – 1993 Telč
La «Frida Kahlo checa» que retrató el alma romaní
Míla Doleželová (Prostějov, 12 de noviembre de 1922 – Telč, 30 de diciembre de 1993) fue una pintora académica checa conocida internacionalmente como «la pintora de los gitanos» y, por la fuerza expresiva de su obra, apodada por críticos contemporáneos «la Frida Kahlo checa». Su legado artístico —cientos de óleos, dibujos, frescos e ilustraciones— es hoy uno de los conjuntos pictóricos más singulares del arte centroeuropeo del siglo XX.

80 x 60 cm
Óleo sobre tela
ca. 1972

Mujer sentada frente a abstracciones espirales
195 x 137 cm
Óleo sobre tela
ca. 1972
Infancia marcada por la pobreza y primer contacto con la comunidad romaní
Bohumila «Míla» Doleželová nació en un barrio humilde de Prostějov, hijo de un oficinista con problemas de alcoholismo y una madre costurera. Esa infancia difícil —que ella misma plasmaría después en cuadros como Padre borracho o Madre, hijo y máquina de coser— la puso en contacto temprano con los sectores más marginados de la ciudad, entre ellos la comunidad romaní, con la que sentiría una afinidad que marcaría toda su carrera.
A los catorce años comenzó a formarse como sombrerera, y poco después se trasladó a Plzeň, donde vivió con una tía durante la Segunda Guerra Mundial y dio sus primeros pasos en el dibujo, la pintura y el grabado bajo la tutela del artista František Václav Eisenreich.
De la Escuela de Artes Gráficas a la Academia de Bellas Artes de Praga
Tras no superar el examen de ingreso en su primer intento, Doleželová estudió en la Escuela Secundaria de Artes Gráficas de Praga y, un año más tarde, logró entrar en la Academia de Bellas Artes (AVU), incorporándose directamente a segundo curso pese a no contar con el diploma de bachillerato, gracias a una dispensa especial por su talento. Allí estudió con el profesor Vladimír Pukl, a quien recordaría como una de las figuras más determinantes de su formación.
Se graduó en 1950 y trabajó cuatro años más como asistente en la propia Academia.
El descubrimiento de su gran tema: los romaníes
El punto de inflexión llegó cuando, siguiendo directrices ideológicas de la época que animaban a los estudiantes a acercarse a la «clase trabajadora», Doleželová se trasladó al este de Eslovaquia para trabajar en una fábrica de cerámica. Aquel contacto con comunidades romaníes la marcó profundamente y, en 1954 y 1957, emprendió expediciones etnográficas por la región acompañada de pioneras de los estudios romaníes como Emília Horváthová y Eva Davidová.
De ahí surgió el que sería el tema central de su obra durante los años cincuenta y sesenta: grandes composiciones figurativas de rasgos inconfundibles —ojos enormes, manos y pies desproporcionados— inspiradas en los iconos bizantinos y el arte oriental, que le valieron el sobrenombre de «la pintora de los grandes ojos». Sus lienzos no se limitaban al color y el exotismo superficial, sino que buscaban transmitir con empatía la dignidad, el sufrimiento y la humanidad de sus modelos.
Vysočina y el matrimonio con Jiří Mareš
En 1956 viajó por primera vez a la región de Vysočina, en compañía del joven pintor Jiří Mareš, alumno suyo. Dos años después, en julio de 1958, se casaron y decidieron conservar cada uno su apellido. La pareja vivió primero en una antigua fábrica de ladrillos junto a Jihlávka y, desde 1961, en la pequeña aldea de Klatovec, sin agua corriente ni electricidad, donde —pese a las enormes estrecheces económicas— Doleželová produjo la mayor parte de su obra.
Reconocimiento internacional: de Praga a México
A finales de los años cincuenta, sus exposiciones en Praga (Cikáni, 1960) y Brno (1961) tuvieron una acogida extraordinaria. El propio Pablo Neruda elogió públicamente su pintura tras verla en una muestra en la capital checoslovaca, destacando su fuerza estética y su capacidad para conectar directamente con el pueblo.
El verdadero salto internacional llegó en 1966-1967, cuando una exposición conjunta con su marido en la Galería Regional de Vysočina en Jihlava atrajo a un marchante mexicano que adquirió gran parte de las obras expuestas. Poco después vendió otras veinticinco pinturas a Estados Unidos, lo que dio paso a muestras en Miami (1967), Chicago y México (1971). Sus cuadros llegaron a formar parte de colecciones en México, París, Tel Aviv y Estados Unidos.
Telč: los años de madurez y las últimas décadas
En 1972, gracias a la venta de sus obras, el matrimonio pudo comprar una casa en Telč, muy cerca de la emblemática plaza de la ciudad. Allí, además de continuar con la temática romaní, Doleželová se volcó en motivos religiosos y simbólicos, con encargos como el ciclo del Vía Crucis para la iglesia de Slavonice (1978) y un fresco para una farmacia de Jihlava.
La muerte de su madre en 1978 y, sobre todo, el fallecimiento de su esposo en 1984 —tras una larga lucha contra el alcoholismo y, después, contra un cáncer— sumieron a la pintora en un profundo aislamiento del que apenas se recuperaría. Pasó sus últimos años prácticamente recluida, y falleció en Telč el 30 de diciembre de 1993, a los setenta y un años.
El legado: de la incertidumbre a un museo propio
Al morir dejó un fondo artístico de varios cientos de obras (algunas fuentes hablan de cerca de 2.000 piezas entre pinturas, dibujos, frescos e ilustraciones) cuyo destino permaneció incierto durante casi treinta años. Descartadas otras opciones —como la Galería Nacional o el Museo Roma de Brno—, la Orden Dominicana de Chequia se convirtió en heredera testamentaria de la colección y, finalmente, la cedió en depósito de larga duración al Centro Universitario de la Universidad Masaryk, instalado en el antiguo colegio jesuita de Telč.
Coincidiendo con el centenario de su nacimiento, en 2022 la universidad publicó una monografía de referencia sobre su vida y obra, y en 2023 se inauguró una exposición permanente en Telč. Su obra ha seguido ganando visibilidad en los últimos años: un cuadro suyo cuelga desde 2023 en la sede del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en Luxemburgo, y otro decora la oficina del presidente del Senado checo, Miloš Vystrčil.
Por qué la obra de Míla Doleželová sigue siendo relevante hoy
- Testimonio etnográfico y artístico único: junto a los fotógrafos Josef Koudelka y Eva Davidová, es una de las pocas artistas checas que abordó la cultura romaní desde dentro y con hondo respeto, en una época en que el régimen comunista presionaba a esa comunidad hacia la asimilación forzosa.
- Un estilo inconfundible: figuras monumentales, ojos enormes y una paleta vibrante que combina la influencia del icono bizantino con ecos expresionistas.
- Una biografía de superación: pobreza infantil, problemas de salud, una ruptura sentimental que la llevó a una crisis nerviosa y décadas de precariedad económica no le impidieron construir una carrera con proyección internacional, desde Praga hasta México.
- Reconocimiento tardío pero creciente: tres décadas después de su muerte, su obra encuentra por fin un espacio museístico permanente y gana presencia en instituciones europeas.
Preguntas frecuentes sobre Míla Doleželová
¿Por qué la llaman «la Frida Kahlo checa»? Por el historiador de arte Radim Kopáč, entre otros, en referencia a la intensidad emocional de su pintura, su estilo personalísimo y el éxito que logró fuera de su país natal, especialmente en México.
¿Cuántas obras dejó Míla Doleželová? Las cifras varían según la fuente: se suele hablar de unas 600 pinturas y grabados, aunque contando dibujos, frescos e ilustraciones el conjunto de su legado podría rondar las 2.000 piezas.
¿Dónde se puede ver su obra hoy? De forma permanente, en el Centro Universitario de la Universidad Masaryk en Telč (República Checa). También hay piezas suyas en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (Luxemburgo) y en colecciones privadas e institucionales de México, Estados Unidos, Francia e Israel.
¿Cuál fue el gran tema de su pintura? La vida y la emocionalidad de las comunidades romaníes, además de motivos religiosos y de la vida cotidiana en la región checa de Vysočina.
